Había una barricada en la esquina…

El día siguiente era sábado y volvieron a rociar el pesticida.  En esta ocasión, en vez de dispersarse hacia el oeste, lo hizo hacia el sur.  Y hacia el sur se ubicaba un complejo habitacional de personas de bajos recursos. Creo que vivían cerca de 100 personas allí.  Tras percibir el olor, comenzaron a sentirse mal. Había un puñado de niños que vomitaban sobre el zacate.  Algunas personas del lugar llamaron al 911 en busca de ayuda.  Y esto es básicamente lo que sucedió según la perspectiva de Flores, Flores Baptista.  Flores dijo que ella se encontraba cuidando a su sobrino de nueve meses de edad.  Lo tenía alzado en sus brazos.  Ella tiene muchos niños y todos ellos se encontraban afuera vomitando.  Y ella tenía al niño en sus brazos y estaba al teléfono con el 911 diciéndoles: “Mis niños están afuera y están vomitando. Algo está pasando aquí. Creemos que fue la fumigación.  Tienen que venir y hacer algo. Los niños de todos los vecinos están afuera vomitando y precisamos que nos ayuden”.  Y la operadora le respondió: ” Espere un momento, estamos tratando de averiguar lo que está sucediendo.  Cálmese.  Creo que si usted logra calmarse, eso ayudará a los niños. Tiene que calmarse”.  Flores respondió: “Okay, mire, estoy tratando de calmarme pero mis niños están allá afuera y se sienten cada vez peor. Y el bebé que estoy cuidando está respirando muy raro y estoy muy preocupada por él.  No sé si saldrá vivo de esto.  Mi sobrino no se ve nada bien”.  Y la operadora siguió diciéndole: “Mire, usted está muy alterada.  Necesita calmarse”.  Esta situación se prolongó durante 45 minutos.  Los mantuvieron en la línea durante 45 minutos.  Tras 45 minutos de espera Flores les dijo unas malas palabras y añadió: “Yo me voy de aquí.  No voy a esperar a que ustedes lleguen.  Es obvio que ustedes no van a venir, y no sé lo que están haciendo pero todo el mundo está a punto de morirse aquí.  Tenemos que salir de aquí.  Huele muy mal”.
Fue así como Flores se subió en su automóvil y se alejó de allí.  Y en ese momento otras personas colgaron con fuerza la bocina del teléfono.  Cuando vieron que otros partían, colgaron el teléfono y se fueron, también partieron. Y se formó una caravana de automóviles.  Se fueron a Sunset y Weed Patch. Y había una barricada en la esquina.  Esto se conoce como “detenerse y congelarse”, o congelar y contener cualquier cosa que esté contaminada. Le decían a la gente: “Regresen, regresen, no pueden salir”.  Y la gente respondía: “No, nos sentimos mal y necesitamos que a nuestros niños los vea un médico”.  Los vamos a llevar nosotros mismos porque ya nos cansamos de esperarlos a ustedes.  Estuvimos al teléfono durante casi una hora con esa señora y lo único que nos decía era que nos sentáramos y nos calmáramos, y que estábamos diciendo disparates y tonterías, pero  no, nos vamos de aquí”.  Había un montón de gente que hablaba español.  Uno de los hombre se salió de la carretera y se alejó en su automóvil.  Rompió la barricada.

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