Normal
0
false
false
false
EN-US
X-NONE
X-NONE
MicrosoftInternetExplorer4
/* Style Definitions */
table.MsoNormalTable
{mso-style-name:”Table Normal”;
mso-tstyle-rowband-size:0;
mso-tstyle-colband-size:0;
mso-style-noshow:yes;
mso-style-priority:99;
mso-style-qformat:yes;
mso-style-parent:””;
mso-padding-alt:0in 5.4pt 0in 5.4pt;
mso-para-margin-top:0in;
mso-para-margin-right:0in;
mso-para-margin-bottom:10.0pt;
mso-para-margin-left:0in;
line-height:115%;
mso-pagination:widow-orphan;
font-size:11.0pt;
font-family:”Calibri”,”sans-serif”;
mso-ascii-font-family:Calibri;
mso-ascii-theme-font:minor-latin;
mso-hansi-font-family:Calibri;
mso-hansi-theme-font:minor-latin;}
Nos mudamos al Valle Central porque queríamos estar en el campo, lejos del caos de la ciudad de Los Ángeles donde vivíamos. Queríamos disfrutar de un ambiente más saludable y limpio. Pensábamos que para nuestros niños sería mejor desde un punto de vista social y ambiental.Nos mudamos a Alpaugh en el 84 pero en el 89 nos enteramos de que una compañía había propuesto construir un incinerador de residuos tóxicos en la ciudad…
Normal
0
false
false
false
EN-US
X-NONE
X-NONE
MicrosoftInternetExplorer4
/* Style Definitions */
table.MsoNormalTable
{mso-style-name:”Table Normal”;
mso-tstyle-rowband-size:0;
mso-tstyle-colband-size:0;
mso-style-noshow:yes;
mso-style-priority:99;
mso-style-qformat:yes;
mso-style-parent:””;
mso-padding-alt:0in 5.4pt 0in 5.4pt;
mso-para-margin-top:0in;
mso-para-margin-right:0in;
mso-para-margin-bottom:10.0pt;
mso-para-margin-left:0in;
line-height:115%;
mso-pagination:widow-orphan;
font-size:11.0pt;
font-family:”Calibri”,”sans-serif”;
mso-ascii-font-family:Calibri;
mso-ascii-theme-font:minor-latin;
mso-hansi-font-family:Calibri;
mso-hansi-theme-font:minor-latin;}
El bebé de una amiga nuestra nació con ese síndrome de la cabeza abierta; no sé cómo se llama.Muchas personas culpaban a Chem Waste, ¿pero cómo hacías para probarlo? Nos seguían diciendo que el incinerador solo iba a emitir cantidades minúsculas de partículas por día, lo que al cabo del año iba a parecer una montaña. Y además los supervisores nos decían: “Pues ustedes no saben de tecnología. No conocen los nuevos avances”. Sin embargo sabemos que intentan experimentar con nosotros con esos nuevos avances, y yo no quiero saber nada más de eso. Averígüelo usted mismo si tanto lo desea.
Normal
0
false
false
false
EN-US
X-NONE
X-NONE
MicrosoftInternetExplorer4
/* Style Definitions */
table.MsoNormalTable
{mso-style-name:”Table Normal”;
mso-tstyle-rowband-size:0;
mso-tstyle-colband-size:0;
mso-style-noshow:yes;
mso-style-priority:99;
mso-style-qformat:yes;
mso-style-parent:””;
mso-padding-alt:0in 5.4pt 0in 5.4pt;
mso-para-margin-top:0in;
mso-para-margin-right:0in;
mso-para-margin-bottom:10.0pt;
mso-para-margin-left:0in;
line-height:115%;
mso-pagination:widow-orphan;
font-size:11.0pt;
font-family:”Calibri”,”sans-serif”;
mso-ascii-font-family:Calibri;
mso-ascii-theme-font:minor-latin;
mso-hansi-font-family:Calibri;
mso-hansi-theme-font:minor-latin;}
No era solo un asunto de salud; ser reconocidos como personas era en sí un gran problema.Mucha gente ha muerto de cáncer.Recuerdo haber leído los artículos y escucharlos decir que la probabilidad de adquirir cáncer es de una en un millón.Yo no quería ser ese uno en un millón.
Alguien dice: “¿Por qué no pueden instalar este incinerador en el desierto o un lugar donde no viva gente?” y Stormy Williams se levanta y dice: “Un momentito, yo vivo en el desierto”. Al principio eres tan ignorante que es fácil decir: “pónganlo en el desierto”, pero empiezas a conocer a otras personas y comienzas a entender que no existe un lugar donde instalar un incinerador porque el aire nos pertenece a todos y tiene corrientes y circula y regresa al mismo sitio, y sencillamente no puedes echar nada en el aire.
No tenía la menor idea de lo que era un activista. Ahora sé que tiene un nombre y que no se trata de un “buscapleitos”.
Lo primero que haces es aprender cómo funciona el sistema y luego aprendes cómo cambiarlo…
Recuerdo que había gente del pueblo [donde se planeaba instalar una planta de incineración de productos tóxicos] que me decía: “Oye Mary Lou, si no te gusta, ¿por qué no te marchas a otra parte?” Porque me gusta aquí, este es mi pueblo, aquí es donde tengo mi casa y quiero quedarme aquí. No siempre es posible sencillamente huir del problema; este te va a seguir. Problemas como este te seguirán a dondequiera que te vayas así que más vale quedarse y luchar por solucionarlos. No puedes hacer otra cosa. Tienes que hacerlo.
Bueno, como tantas otras personas, yo estaba totalmente convencida de que la gente con educación y en posiciones de autoridad sabe exactamente lo que está haciendo y uno solo tiene que dejarlos hacer lo que tienen que hacer. Sin embargo, algo cambió. Mi marido trabajó con César Chávez durante un par de años en cosas del sindicato, y yo le decía: “Te van a lastimar, no te metas en eso. Ni siquiera es tu lucha”. Le pidieron que participara porque él no es de los que se quedan callados; él siempre tiene algo que decir, y le pidieron que organizara el sindicato en el rancho donde trabajaba. Él trabajó varios años echando agua en los caminos para bajar el polvo. En ese rancho se plantaban tomates todos los años. Traían un montón de gente para trabajar en el tomate y los trataban mal: no había agua, la paga era mala y así. Él comenzó a involucrarse en eso, y cada año yo trabajaba en ese mismo rancho. Te sientas en una máquina y dejas caer las plantas y yo… yo trabajaba allí porque había dos ciclos en la misma empresa. Hacíamos la siembra y luego se pasaba a la cosecha de la primera siembra, ya que se plantaba dos veces al año. Y en una ocasión estábamos trabajando una noche de agosto o julio; algo por el estilo. Hacía mucho calor y se sembraba de noche para que las plantas tuvieran la oportunidad de, ya sabes, arraigarse antes de que les diera el calor del sol. Mis hermanas y yo nos dirigíamos a nuestro trabajo, y siempre tenían un guardia apostado al frente, y mi marido iba delante de nosotras acompañado por uno de los sindicalistas. Él se iba por este lado nosotras por el otro, y de repente aparece un camionzote viejo que trata de sacarlo fuera del camino. Y yo les dije: “¡Cómo! ¿Qué están haciendo? ¿Cómo se atreven a hacer eso?”. ¡Estaba tan enojada! Y luego un hombre nos detiene y nos dice: “Váyanse a sus trabajos. Vayan a sus trabajos”. Estaba sumamente preocupada de lo que estaba sucediendo en el otro lado del rancho donde se encontraba mi esposo. Después de que sucedió eso le dije a mi marido: “Bueno, ¿necesitas algún voluntario para lo que sea?”, y así es como me involucré en esto.
Y por ese mismo tiempo estábamos un día,… cuando llegamos a casa nos encontramos en la puerta un volante que tenía pintada una calavera y tenía un mensaje sobre algo que iban a incinerar y que iba a acabar en el aire. Así es que me fui a esa reunión. Y entre más escuchábamos, más enojados nos poníamos. ¿Cómo se atrevían los supervisores de nuestro condado a asumir que íbamos a aceptar este proyecto de colocar un incinerador a cuatro millas de nuestra ciudad? Había un montón de gente, un montón de gente que se unió para luchar por algo que todos teníamos en común; el aire que compartimos. Ya sabes, todos respiramos el mismo aire. Lo que va, vuelve, y el aire pertenece a todo el mundo. Así es como me involucré en esto.
Y entonces mi amiga Espi, quien es muy buena oradora y siempre me ha animado a dar la cara, me dijo: “Tú puedes hacerlo, vamos, puedes hacerlo”. Recuerdo que en un primer momento pensé que iba a tener un ataque al corazón o un derrame cerebral; me sentía tan apenada, y tan pronto como empecé a hablar pude sentir cómo me sonrojaba. Se fue haciendo cada vez más fácil y más fácil, y así es cómo me metí en esto. También me sirvió toda la educación que recibí de personas como Bradley Angel y asistir a las reuniones de otros grupos que habían estado luchando por otras causas en toda California. Te vas educando. Uno piensa en por qué se queda uno callado y no hace nada al respecto, y así fue como me metí en eso.
Había personas de todo el estado que vinieron al Valle Central para discutir los problemas. Para el valle fue muy vigorizante que algo así sucediera en Fresno, la ciudad que abandoné hace muchos años porque pensé que allí no había nada para mí; pensaba: “Ese lugar nunca cambiará”. Desde el primer año que regresé, hará ahora trece años, he visto cambios tremendos. Antes, el Ku Klux Klan se paraba en la esquina durante una marcha gay. Hoy en día, en 2007, tenemos Rally in the Valley, que es como una marcha por la paz. Se celebró aquí la Conferencia de la Red de Justicia Ambiental. Se celebrará la conferencia Uncaging the Valley Prisons [Abrir las Celdas de las Cárceles del Valle] y tendremos a los marchantes de Black and Brown Unity [Unidad entre Negros y Pardos]. Y ahora me encuentro aquí a la mesa con personas que se esfuerzan por lograr cambios en la legislación estatal que regula la aplicación de pesticidas en las comunidades. En mis adentros me decía: “Sí, por fin”. Se han necesitado veinte años pero aquí estamos.
Recibimos muchos insultos a lo largo del camino…
Recibimos muchos insultos a lo largo del camino y nos acusaron de carecer de educación y de no saber de lo que estábamos hablando. La verdad es que no hablábamos por hablar; estábamos leyendo y prestábamos atención a quienes nos traían información. Creo que eso nos ayudó a conseguir la victoria, no solo por ver cómo nos discriminaban por nuestro color sino también por carecer de educación. Así que fue algo difícil. Demoró mucho tiempo, diez años, pero cuando se trata del único hogar que tendrás en tu vida, te fuiste a vivir a ese pueblo porque pensaste: “Wow, esto es lo que quiero”.